«Esto no es una obra de teatro. Esto es una tragedia», dice alguien que parece conocer desde el comienzo el desenlace de esta historia. Pero no, se trata de un espectador clave que la registra en silencio y luego ensaya junto a nosotros su reconstrucción tardía, o se podría decir, su delicada dramaturgia a destiempo. Una escuela rural. La lluvia que no para hace semanas y azota los rincones de un pueblito de campaña. Vemos una niña que corre y se aleja hacia la orilla de un arroyo sin nombre. Aquí los pecados no tienen edad. Luz, primera pieza teatral publicada por Juan Sebastián Peralta, no es [solamente] una obra de teatro, sino algo más: una canción frente al fuego. Un vestido de primera comunión con una cinta rosa. Un grito en la oscuridad que nadie escuchó, o que nadie quiere escuchar. En esta historia la complicidad hace acto de presencia cuando se apagan las velas. Si el tiempo pasa y nada cambia, al menos que quede por escrito.
Reseña por: Gerardo Ferreira Rodríguez